Construyendo sororidad

La semana pasada en la radio compartimos sobre la sororidad.

Sororidad viene de “soror”, hermana en latín. Hoy en día se usa para describir algo así como una alianza política y social entre mujeres para lograr su empoderamiento pero… eso se queda muy corto desde la perspectiva de la Escuela de Misterios Femeninos.

Si nos quedamos ahí nos mantenemos en el hacer cuando la sororidad tiene una acepción mucho más profunda y amplia desde la perspectiva del ser.  Desde aquí lo vemos como el aspecto femenino de la hermandad, y no como una lucha contra lo masculino sino más bien como esa cualidad identificativa propia femenina.

Esas dinámicas hoy que buscan dar voz y visibilidad a la mujer, a su perspectiva y a su acción reflejan la necesidad de reconocer el valor de la esencia femenina, empezando por nuestro propio e íntimo reconocimiento de lo que somos. De lo que somos nosotras, sin más, ni en comparación ni contra el hombre, sino más bien viéndonos y honrándonos a nosotras mismas.

Y se pone en práctica a través de muchos ejemplos en todo el planeta.  Una muestra de lo que nos une, traído al aquí y ahora, podemos verla en el movimiento #METOO con todas esas mujeres que empezaron denunciando abusos en Hollywood, víctimas y no víctimas porque, cuando dañan a una, nos dañan a todas.

O el WomanWagePeace, iniciado por mujeres israelíes para promover un acuerdo político que asegure una paz estable y duradera con el pueblo palestino.

Y recientemente el movimiento ELENÃO en Brasil, en contra del candidato de ultraderecha Jair Bolsonaro, miles de mujeres unidas contra el resurgimiento de prejuicios de todo tipo, no sólo contra la mujer.

En todos estos ejemplos por todo el planeta queda patente la misma raíz, el mismo impulso: la mujer se levanta POR ELLA Y POR TODOS, en el espíritu que responde a esa esencia más pura de la mujer descrita en aquello de que “cuando una mujer avanza, nadie queda atrás”.

Pero… estos temas tan globales ¿no están muy lejos de mí? ¿Me afectan a mí, a mi día a día?

Lo cierto es que cada pequeño gesto suma. Cada vez que reconocemos el valor de otra mujer, que honramos lo que es, que le brindamos ese espacio para traer su cualidad al mundo, eso suma para todas las mujeres, para cada una de nosotras. Porque también, cuando una crece, crecemos todas.

imagen sororidadPor eso, dejemos atrás de una vez por todas ese mito de que las mujeres competimos entre nosotras, el mito de que nos envidiamos y rivalizamos siempre, como si estuviese en nuestro ADN.  Es algo que hemos aprendido a hacer para movernos por este mundo todavía tan competitivo, sí, pero no es lo que somos, no es nuestra esencia (aunque a veces hasta nos venga bien que nos lo creamos…).  Seamos Thelma y Louise, que ya nadie se cree el cuento de la madrastra y Blancanieves!!!!

Y ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo pasamos página a eso?  Pues mimando los pequeños gestos, las oportunidades cotidianas, y tomando conciencia de cómo nos nutre y llena la conexión y el tiempo compartido con otras mujeres, cuidando nuestro “jardín de amigas”.

Por eso os dejamos en esta ocasión dos tips para practicar la sororidad, para que la vivas y puedas transmitirla a tu familia, a tus amigas, a tus hijas, para que la construyamos juntas, y así crecer las generaciones futuras en sororidad natural.

 

TIP #3

Cada vez que te surja la tentación de competir con otra mujer trata por un momento de ver la mujer que es, no lo que hace o lo que dice.  Párate y ve/siente la mujer que tienes delante más allá de todo eso, reconócela y recuérdate que “no somos rivales; no estoy aquí para competir contigo”. Eso os dará a ambas una perspectiva de colaboración, de “sumar para nosotras” que probablemente establezca nuevos parámetros de relación.

 

TIP #4

Llama a una amiga a la que hace tiempo que no ves, o quizás a otra que hace poco conociste, y simplemente ves a hacer un café con ella… Compartíos desde ese reconocimiento mutuo, y nutríos una a la otra del placer de SER MUJER ENTRE MUJERES.

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Cómo cuidar nuestra higiene energética

Si hablamos de higiene energética… ¿será que hay suciedad energética? ¡Exacto! Por todas partes. No la vemos pero la sentimos.

Hay suciedad energética física, emocional (peleas, tensiones, tristezas, miedos, enfados, manipulaciones, rabia…) y mental (juicios, culpabilidades, creencias, exigencias…). Son como densidades o pesadeces que se adhieren a nosotras y, si no mantenemos una correcta higiene, las llegamos a somatizar en el cuerpo físico como si de una impresora 3D se tratase.

basurita-en-el-animoPor eso estamos habituadas a escuchar que tenemos migrañas por el estrés, o aparece
esa tensión en las cervicales durante un periodo complicado en el trabajo, lumbalgias, afecciones en la piel, o incluso úlceras… Dolencias que no tienen una causa física aparente y que los médicos sólo pueden tratar sus síntomas porque su origen está en la suciedad energética que acarreamos.

Por tanto, os proponemos empezar a cuidar de eso en nosotras que no vemos pero que llevamos encima, igual que hemos desarrollado el hábito de lavarnos los dientes, por ejemplo, aunque no veamos los bichitos en la boca.

Quizás todo esto suene un poco raro, pero seguro que de manera subconsciente ya habrás experimentado alguna vez eso de ansiar llegar a casa después de un día especialmente cansado, tenso o difícil y darte una bueeeeena ducha.

Pero… si está claro que el jabón no va a hacer desaparecer el problema ¿cómo es que la ducha nos sienta tan bien? Porque también limpia, relaja y re-equilibra a otros niveles.

Y es que hoy en día el estrés fruto del trabajo, o la inseguridad, o la tristeza, o la falta de autoestima, o los sentimientos de carencia, la incertidumbre económica, la presión del día a día, la soledad… todo ello nos lleva a desequilibrios o fugas de energía vital que, si no los reequilibramos, nos acaban pasando factura.

Por eso la mejor manera de mitigar todos estos efectos es la prevención, especialmente para nosotras las mujeres, que lo notamos todo, lo sentimos todo, vibramos con todo, hacemos propios los problemas de los demás y nos asimilamos a todo en nuestra empatía. Resultado: nos cargamos.

Pero es que, además, la mujer tiene una capacidad única, fenomenal, de afectar a su entorno emocionalmente con lo que… ¡luego nosotras vamos cargando de la misma manera a otras personas y los espacios donde estamos! Podemos decir que vamos “contagiando” esos pesos que cargamos.

Como mujeres tenemos la capacidad de traspasar lo que sentimos, de influir en el entorno y, claro, eso incluye también las densidades o pesos que acarreamos.

Mirándonos así es fácil darnos cuenta de la importancia de nuestro papel y, por tanto, de la importancia de mantener algo así como una “ecología energética”, que en el fondo la sustentará nuestra ética personal: si yo sé que el cuidarme, el mantener unos sencillos cuidados de higiene energética me afecta positivamente, me equilibra y, por tanto, afectan y equilibran mi entorno, entonces estaremos asumiendo nuestra responsabilidad como género.

Y cuando ya nos hemos dado cuenta de la importancia de mantener este estado de limpieza o integridad personal energética, ¿cómo hacemos para lograrlo?

Pues hay diferentes formas, empezando por las “tradiciones de la abuela” que, aunque puedan parecernos curiosas, tienen mucho de esa sabiduría popular, esa tradición oral pasada de madres a hijas… Y aquí volvemos a la ducha, o a los baños con sal, al contacto con los elementos de la naturaleza (un paseo por el bosque o la montaña, nadar en el mar…), o algo tan típico como usar vinagre tras la ducha, que nos ayuda a limpiar pesadeces de tipo mental en forma de esos pensamientos repetitivos que tanto nos cuesta sacárnoslos de encima… También, ahora que está tan de moda la aromaterapia, usar lavanda para equilibrar emociones resulta muy efectivo.

Pero además hay métodos puramente energéticos para sustentar esa limpieza y equilibrio, como la práctica esencial en la Escuela de Alquimia Interior: el alineamiento alquímico. Te recomendamos que lo experimentes a través del ejercicio guiado por Zulma Reyo en este video: 

Y para que puedas ir incorporando en tu día a día cotidiano, en lo más sencillo, y así ir haciendo práctica y vivida la experiencia de tu esencia, aquí te dejamos un nuevo tip sencillito.

TIP #2

Cuando te duches, empieza a respirar profundamente y visualiza que el agua que cae sobre ti es de color violeta. Siente cómo ese color violeta arrastra consigo todo cansancio, toda densidad, todo lo que te esté pesando, lo que te moleste… Quizás sea un pensamiento, o a lo mejor es una emoción lo que te tiene atascada. Ve con tu mirada interior y siente cómo todo esto se diluye con el agua y lo sueltas, dejas que se vaya por el desagüe mientras sigues respirando profundamente… Y toma conciencia de cómo empiezas a sentirte más ligera, de nuevo más “suelta” en tu cuerpo, relajada, plena…

Os dejamos el link al programa SER Mujer de la Cadena SER donde estuvimos compartiendo de palabra sobre todo esto, en la parte 3: http://cadenaser.com/emisora/2018/09/21/radio_mallorca/1537518352_859846.html

 

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Sobre la vuelta al cole y el mito del #metime

41122958_743451835999712_2901858004586463232_nIniciamos aquí una serie de posts recogiendo nuestra participación en el programa radiofónico SER Mujer con Marilena Estarellas de la Cadena Ser, en la sección Misterios Femeninos. Si quieres escuchar el programa completo lo tienes aquí. En la sección 3 pasado el minuto 8 entramos nosotras.

Con la vorágine de la preparación del cole, las compras, la vuelta a la rutina, dejar las vacaciones atrás, etc., sin darnos cuenta entramos en una fiebre de “hacer”. Está claro que es necesaria esa acción en el mundo, pero… vamos a darle alguna vuelta más a esta dinámica.

¿Sabes lo que es el “ME TIME”? Se trata del tiempo dedicado a relajarnos por nuestra cuenta, en contraposición al tiempo de trabajo o que dedicamos a hacer cosas por los demás. Se suele ver como una oportunidad para reducir el stress o recuperar energía.

Las mujeres más afortunadas o conscientes cuentan que se dedican este “ME TIME”. Pero… ¿qué nos dice eso? ¿Qué 1 hora de 24h, en el mejor de los casos, es cuando puedo SER YO y disfrutar de mí misma…? ¿Y nos extraña llegar agotadas y muchas veces frustradas al final de la jornada? ¿Y el resto de las 23h, quién o qué soy? ¿Dónde estoy YO?

Lamentablemente, en estos momentos vivimos 2 grandes confusiones:

  • el HACER con el SER, o el “tengo que” con la verdadera responsabilidad
  • ese ratito de “olvidarme de esas tareas y exigencias” (más como una anestesia…) con el dedicarme verdadera atención a mí misma. No sólo dedicarme a las necesidades aceptadas socialmente como cuidar de mi cuerpo o ir a la pelu, sino a las necesidades más íntimas que, a veces de tanto esconderlas, pasan desapercibidas hasta para nosotras mismas…

Es ilusorio que continuemos pensando que estamos siendo plenas (para nosotras y para los demás) cuando sólo nos reconocemos un tiempo tan limitado, tan mínimo…   Tenemos que dar un salto hacia nosotras mismas y aprender a escucharnos en profundidad, a estar con una misma, cada momento. Y pasar página a ese mito del “ahora no tengo tiempo”…

Poniendo un ejemplo muy simple: cuando sientes que tienes hambre o sed, no te “quita tiempo” de lo que estés haciendo, pero te avisa de que hay algo en ti que requiere tu atención.

Ese mismo tipo de avisos existen a todos los niveles, no sólo físicos.  Pero esta sociedad tan “avanzada” ha aprendido a ignorarlos, a apartarlos como “no importantes”, confundiendo supervivencia e imagen con felicidad.

Ahora incluso hay veces que logramos hasta ignorar u olvidar esas señales básicas físicas. ¿No te ha pasado que en ocasiones en el trabajo olvidas hasta eso, que tienes hambre? ¡Y eso que es imprescindible para nuestra subsistencia! Imagínate lo que hacemos con el resto de necesidades menos obvias, menos comunes, o menos aceptadas…

Entonces, ¿qué proponemos para la mujer de hoy que vive en medio de todo esto?

No se trata de “dejar de hacer”. Ni de dejar apartadas nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestras familias… En ese “hacer”, que es parte de la estructura de nuestra sociedad, sí podemos cambiar la perspectiva… porque se trata más de “desde dónde” hacemos.

Pero… eso no nos lo enseñan en la escuela… y por eso la necesidad de crear precisamente nuestra Escuela de Misterios Femeninos como parte de la Escuela de Conciencia de Alquimia Interior  😉

Y entonces, ¿cómo recuperar ese “SER” mientras hacemos?  El tip alquímico que os ofrecemos para esto es algo muy sencillo para practicar sin tener que cambiar absolutamente nada de nuestras rutinas externas.

 

TIP ALQUÍMICO #1

Cada vez que veas tu reflejo en un espejo o cristal, respira profundo y recuerda que eres “TÚ viviendo una experiencia” (no “una situación que te pasa por encima”).  Simplemente tomar conciencia de esto ya te va a recordar quién está al volante!

Y, después de esa respiración profunda, toma un segundo para escuchar tu cuerpo, tus emociones, tus pensamientos… Como un auto-chequeo o un escáner interno: ¿qué siente tu cuerpo en ese instante? ¿Qué emoción vives en ese momento? ¿Qué está pasando por tu cabeza? Reconócete en tus aspectos físico, emocional y mental por un momento… y retomas tu actividad desde esa toma de conciencia de TI MISMA.

¡Y cuéntanos qué tal te ha ido! ¿Es difícil distinguir estos tres niveles de realidad (física, emocional, mental)? ¿Sientes algún cambio después de ver tu reflejo desde aquí? ¿Consigues crearte un hábito de sentirte contigo misma todo el tiempo, tu “me time” perpetuo?

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Por qué no estaré de #huelgafeminista el 8 de marzo

Son demasiados y sumamente vergonzantes como ser humano todos los motivos para aprovechar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora el 8 de marzo y reivindicar tanto… tantísimo camino que nos queda por recorrer.

Pero yo no me uniré a lo que se ha denominado huelga feminista.

De entre tantísimos motivos para participar en esta manifestación planetaria me ha llamado la atención el de “que se note nuestra ausencia”.

Me vais a disculpar la obviedad pero… si estamos donde estamos las mujeres hoy es precisamente porque estamos ausentes.

Sí, estamos ausentes.

A pesar de todos los avances, leyes de igualdad y demás, todo eso resulta insuficiente mientras no sepamos hacernos presentes EN LO QUE SOMOS, plenamente.

¿Nos conocemos como mujeres realmente? ¿Conocemos la verdadera naturaleza femenina? ¿La honramos? ¿Siempre y en todo lugar? ¿Sentimos nuestras cualidades y capacidades únicas como mujer? ¿Las ponemos al servicio de nuestro mundo?

Mientras haya una respuesta negativa a una sola de estas preguntas, las mujeres tenemos un trabajo pendiente por hacer que nadie hará por nosotras ni podrá ser sustituido por ninguna reivindicación, ley, manifiesto o movimiento.

Si nosotras no nos conocemos verdaderamente ni nos honramos íntimamente ¿cómo podemos exigir a nadie ese espacio y ese respeto? Somos incapaces de sustentar esa demanda… precisamente porque todavía no la estamos viviendo ni sintiendo internamente. Y eso es lo que nos está pasando como colectivo. Pedimos de puertas hacia fuera… mientras en casa no hay nadie.

Por eso el 8 de marzo (y el 9, y el 10… y cada día del año) estaré apoyando todas las iniciativas que nos hacen más presentes a las mujeres, más proactivas, más implicadas, más conocedoras de nosotras mismas, más generosas emanando nuestra sensibilidad, humanidad y dignidad.

Porque no quiero ni una mujer ausente más. Nos necesitamos todas presentes, y todas juntas.

Si quieres vivir una pequeña experiencia de eso que somos, únete al Mujeres & Jueves de la Cámara de Comercio en Palma el 8 de marzo.

Y si tienes ganas de profundizar y pasar plenamente a la acción, tu cita es del 18-22 de abril en el retiro de Misterios Femeninos. Tienes más información en la web de La Mujer Interior o en Facebook.

¡¡Espero verte en una de estas citas!!

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Cocinando la estrategia

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Una oportunidad para compartir en la práctica cómo es eso de gestionar los intangibles estructurales de propósito-procesos-relaciones-personas que promovemos desde aquí. Manifestando en lo cotidiano, en el mundo en que vivimos. ¡Gracias ESERP por la oportunidad de compartirlo más allá!

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Nos vemos en el Being One Forum, en la mesa redonda sobre Empresa Consciente

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Gestionar en conciencia la empresa… el reto y el aporte de la mujer a nuestras organizaciones. ¡Ven a conocer cómo algunas ya lo estamos haciendo!

Madrid (España) · 13 de Mayo 2017 · 12h.

 

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Despertando… por fases

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Es indudable que “lo femenino” está despertando, en el mundo en general y en particular en la mujer, que es el canal natural para arraigar y manifestar el Principio Femenino.

Después de unos cuantos años trabajando con y acompañando mujeres, constatamos que hay un proceso en ese despertar, unas fases que se van cubriendo a medida que cada mujer amplía su marco de referencia y evoluciona internamente.

Son las fases que describimos a continuación.

 

Fase I – Somos inferiores a los hombres

Lamentablemente esta es la realidad para una gran parte de las mujeres que, conscientemente o no, se ubican en una posición de inferioridad respecto al hombre. No tiene que ver con “saber” que somos iguales (que en el mundo occidental aparentemente eso está sabido, intelectualmente por lo menos, aunque la realidad sea otra) sino desde qué lugar nos expresamos. Vemos que incluso muchas adolescentes y jóvenes de este supuesto mundo desarrollado están en ese lugar de inferioridad cuando inconscientemente perpetúan todos aquellos estereotipos rancios… Es el día a día de millones de mujeres, una realidad que no está en absoluto superada (ni tan sólo en las culturas aparentemente más avanzadas), por mucho que queramos creer que sí.

Fase II – Somos iguales a los hombres

En esta fase ya hay un posicionamiento consciente en un lugar de igual a igual con el hombre. Reivindicamos ese lugar, reclamamos los mismos derechos, exigimos las mismas oportunidades, protestamos cuando no podemos gozar de las mismas libertades, etc. Y lo hacemos desde la colectividad del grupo, quizás porque sentimos que necesitamos la fuerza del grupo para contrarrestar la inercia histórica del patriarcado. Sin embargo, en esta fase nos mantenemos en la trampa de la dualidad donde reaccionamos a la realidad con una fuerza igual y de sentido opuesto… que nos lleva a obviar trágicamente lo que somos verdaderamente.

Fase III- Soy distinta al hombre

Aquí me doy cuenta que, a pesar de gozar de los mismos derechos, oportunidades, libertades, etc. que los hombres, no es suficiente. Y no lo es porque de lo que se trata es de honrar lo que yo soy en esencia, mi esencia como mujer, que es distinta de la esencia de un hombre. Ni mejor ni peor, ni superior ni inferior. Sólo distinta. Y siento que esa diferencia necesita su espacio de expresión también. Aquí es donde empiezan a aparecer opiniones discrepantes con la ortodoxia feminista incluso.

Fase IV – Me doy mi espacio para “mis cosas”

Como consecuencia inevitable de reconocer mi verdadera esencia, en esta fase creo un espacio interno (y, en el mejor de los casos, también externo) donde vivo mi propia experiencia de “ser mujer”, lo que eso significa para mí. Empiezo a escucharme internamente, me acompaño de objetos que me recuerdan lo que soy y me inspiran, me mimo con esas cosas que siento me hacen bien, me permito esos íntimos caprichos o detalles que para mí son importantes, empiezo a conectar conscientemente con los ciclos vitales, curioseo qué hacen otras mujeres en el mundo, etc.

Fase V – Quiero compartir ese espacio con otras mujeres

Con el tiempo me doy cuenta que hay más mujeres con su espacio para sus cosas y conecto con ellas. Nos sentimos bien compartiendo ese lugar donde “sabemos” sin más, donde nos apoyamos y constatamos que no somos tan bicho raro… sino que simplemente eso es lo que es natural para las mujeres. Es un espacio de protección y calidez al que recurrimos muchas veces para recargarnos de nosotras mismas y salir de nuevo al “mundo (que sentimos) hostil” con energía renovada. A veces incluso resulta una fase adictiva, porque me siento tan bien en esos momentos de comunión con otras mujeres que ahí me quedo, enganchada a reuniones, ceremonias, rituales, etc., en la ilusión de que ser mujer es eso que hacemos juntas y ya.

Fase VI – Me puede la curiosidad por saber qué soy

Pero… ¿qué hay detrás de esas sensaciones de hermandad profunda y de “confort de alma” cuando comparto con otras mujeres? ¿Qué es lo que hace que eso sea así? En esta fase me invade una curiosidad natural por saber y vivir qué soy en esencia, qué es eso que ha permanecido velado para la mayoría de nosotras, para nuestras madres y abuelas, de dónde nace esa inclinación interior que parecía rara pero que resulta que compartimos todas las mujeres…

Quiero descubrirme, proactivamente. Conectar con eso, recordar, vivirlo plenamente… y quiero hacerlo con otras mujeres, de la mano de mujeres. Aprendo, experimento y vivo que ser mujer brota de nuestra particular manera de percibir y emanar. Empiezo a reconocer mi verdadera capacidad de percepción. Doy mis primeros pasos en la emanación genuina de mi ser.

Fase VII – Manifiesto lo que soy, en cualquier lugar, momento y circunstancia

En este punto soy capaz de llevar conmigo todo el tiempo esa energía de mujer que ya he experimentado conscientemente  (y no sólo únicamente en ciertos encuentros, rituales, momentos…). Sustento esa energía en mi día a día y la manejo en favor del bien común allá donde esté. Pierdo el miedo a la profundidad y amplitud de ser yo misma en cualquier lugar y circunstancia. Gano mi lealtad a lo que soy en esencia.

Fase VIII – Busco el despertar de otras mujeres

Y llega un momento en el que me doy cuenta de que si yo puedo, podemos todas. También siento indiscutiblemente que el dolor infligido a una, nos lo infligen a todas. Y sé que ponerle remedio a eso es un trabajo colectivo donde nos mostramos el camino unas a otras simplemente con nuestro ejemplo cotidiano. Anhelo profundamente que tantas mujeres como sea posible tengan la oportunidad de revelarse a sí mismas. Quiero y soy capaz de movilizar y motivar a otras mujeres para que se descubran, y eso hace parte natural de mi propósito vital.

¿Te cuadran estas fases a ti, mujer?

¿En cuál te ubicarías tú?

¿Y cómo podemos ayudarte a dar el paso a la siguiente fase?

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