Despertando… por fases

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Es indudable que “lo femenino” está despertando, en el mundo en general y en particular en la mujer, que es el canal natural para arraigar y manifestar el Principio Femenino.

Después de unos cuantos años trabajando con y acompañando mujeres, constatamos que hay un proceso en ese despertar, unas fases que se van cubriendo a medida que cada mujer amplía su marco de referencia y evoluciona internamente.

Son las fases que describimos a continuación.

 

Fase I – Somos inferiores a los hombres

Lamentablemente esta es la realidad para una gran parte de las mujeres que, conscientemente o no, se ubican en una posición de inferioridad respecto al hombre. No tiene que ver con “saber” que somos iguales (que en el mundo occidental aparentemente eso está sabido, intelectualmente por lo menos, aunque la realidad sea otra) sino desde qué lugar nos expresamos. Vemos que incluso muchas adolescentes y jóvenes de este supuesto mundo desarrollado están en ese lugar de inferioridad cuando inconscientemente perpetúan todos aquellos estereotipos rancios… Es el día a día de millones de mujeres, una realidad que no está en absoluto superada (ni tan sólo en las culturas aparentemente más avanzadas), por mucho que queramos creer que sí.

Fase II – Somos iguales a los hombres

En esta fase ya hay un posicionamiento consciente en un lugar de igual a igual con el hombre. Reivindicamos ese lugar, reclamamos los mismos derechos, exigimos las mismas oportunidades, protestamos cuando no podemos gozar de las mismas libertades, etc. Y lo hacemos desde la colectividad del grupo, quizás porque sentimos que necesitamos la fuerza del grupo para contrarrestar la inercia histórica del patriarcado. Sin embargo, en esta fase nos mantenemos en la trampa de la dualidad donde reaccionamos a la realidad con una fuerza igual y de sentido opuesto… que nos lleva a obviar trágicamente lo que somos verdaderamente.

Fase III- Soy distinta al hombre

Aquí me doy cuenta que, a pesar de gozar de los mismos derechos, oportunidades, libertades, etc. que los hombres, no es suficiente. Y no lo es porque de lo que se trata es de honrar lo que yo soy en esencia, mi esencia como mujer, que es distinta de la esencia de un hombre. Ni mejor ni peor, ni superior ni inferior. Sólo distinta. Y siento que esa diferencia necesita su espacio de expresión también. Aquí es donde empiezan a aparecer opiniones discrepantes con la ortodoxia feminista incluso.

Fase IV – Me doy mi espacio para “mis cosas”

Como consecuencia inevitable de reconocer mi verdadera esencia, en esta fase creo un espacio interno (y, en el mejor de los casos, también externo) donde vivo mi propia experiencia de “ser mujer”, lo que eso significa para mí. Empiezo a escucharme internamente, me acompaño de objetos que me recuerdan lo que soy y me inspiran, me mimo con esas cosas que siento me hacen bien, me permito esos íntimos caprichos o detalles que para mí son importantes, empiezo a conectar conscientemente con los ciclos vitales, curioseo qué hacen otras mujeres en el mundo, etc.

Fase V – Quiero compartir ese espacio con otras mujeres

Con el tiempo me doy cuenta que hay más mujeres con su espacio para sus cosas y conecto con ellas. Nos sentimos bien compartiendo ese lugar donde “sabemos” sin más, donde nos apoyamos y constatamos que no somos tan bicho raro… sino que simplemente eso es lo que es natural para las mujeres. Es un espacio de protección y calidez al que recurrimos muchas veces para recargarnos de nosotras mismas y salir de nuevo al “mundo (que sentimos) hostil” con energía renovada. A veces incluso resulta una fase adictiva, porque me siento tan bien en esos momentos de comunión con otras mujeres que ahí me quedo, enganchada a reuniones, ceremonias, rituales, etc., en la ilusión de que ser mujer es eso que hacemos juntas y ya.

Fase VI – Me puede la curiosidad por saber qué soy

Pero… ¿qué hay detrás de esas sensaciones de hermandad profunda y de “confort de alma” cuando comparto con otras mujeres? ¿Qué es lo que hace que eso sea así? En esta fase me invade una curiosidad natural por saber y vivir qué soy en esencia, qué es eso que ha permanecido velado para la mayoría de nosotras, para nuestras madres y abuelas, de dónde nace esa inclinación interior que parecía rara pero que resulta que compartimos todas las mujeres…

Quiero descubrirme, proactivamente. Conectar con eso, recordar, vivirlo plenamente… y quiero hacerlo con otras mujeres, de la mano de mujeres. Aprendo, experimento y vivo que ser mujer brota de nuestra particular manera de percibir y emanar. Empiezo a reconocer mi verdadera capacidad de percepción. Doy mis primeros pasos en la emanación genuina de mi ser.

Fase VII – Manifiesto lo que soy, en cualquier lugar, momento y circunstancia

En este punto soy capaz de llevar conmigo todo el tiempo esa energía de mujer que ya he experimentado conscientemente  (y no sólo únicamente en ciertos encuentros, rituales, momentos…). Sustento esa energía en mi día a día y la manejo en favor del bien común allá donde esté. Pierdo el miedo a la profundidad y amplitud de ser yo misma en cualquier lugar y circunstancia. Gano mi lealtad a lo que soy en esencia.

Fase VIII – Busco el despertar de otras mujeres

Y llega un momento en el que me doy cuenta de que si yo puedo, podemos todas. También siento indiscutiblemente que el dolor infligido a una, nos lo infligen a todas. Y sé que ponerle remedio a eso es un trabajo colectivo donde nos mostramos el camino unas a otras simplemente con nuestro ejemplo cotidiano. Anhelo profundamente que tantas mujeres como sea posible tengan la oportunidad de revelarse a sí mismas. Quiero y soy capaz de movilizar y motivar a otras mujeres para que se descubran, y eso hace parte natural de mi propósito vital.

¿Te cuadran estas fases a ti, mujer?

¿En cuál te ubicarías tú?

¿Y cómo podemos ayudarte a dar el paso a la siguiente fase?

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Acerca de Femenino en Manifestación

Materializamos la cualidad femenina en el mundo, en el mundo de los negocios y en nuestra convivencia cotidiana en comunidad. Mirando nuestro entorno con alma de mujer, acompañamos su transformación hacia el Cuarto Sector, pivotando sobre el Propósito que se expresa a través de Procesos sostenidos por Relaciones que generan Personas conscientes en servicio a su mundo.
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