El anclaje “reloaded”: una inconveniencia inevitable

Dos años después de la publicación de The Inner Woman, casi un año después de la publicación de La Mujer Interior y después de todos estos meses acompañando el camino de su mensaje por diversas ciudades, constatamos (no sabemos si con alegría o pesar…) que este abordaje ha llegado como una inconveniencia inevitable.

Este tiempo de trabajo y profundización desde la mirada de nuestra mujer interior ha afinado nuestra sensibilidad. También nuestra capacidad de discernimiento ha aumentado y madurado. El resultado es que ya no nos dan gato por liebre.

Lo más sorprendente de estos meses (con días desoladoramente deprimentes y días dolorosamente motivadores) ha sido descubrir cuantísimo ruido somos capaces de hacer las mujeres… para que todo siga igual. Y como no somos conscientes de ello, nos enjaulamos en una eterna y perversa reivindicación imposible, en todos los ámbitos de la vida, empresa incluida.

Independientemente del lugar geográfico, la edad, el contexto económico-social, educativo, profesional, político… la inmensa mayoría de iniciativas, mensajes, grupos, materiales, terapias, formaciones, talleres, legislaciones, etc. que nos hemos encontrado en torno a “lo femenino” responden a un patrón ciego que no ve realmente a la mujer.

Aunque no lo expresen explícitamente de esta manera, se basan en ver al hombre y, por comparación, eliminación, contraposición… toman conciencia de que hay algo más ahí, y que “eso” resulta que es una mujer. Ven lo que la mujer hace, su rol, su función, el papel que ella desempeña en relación al hombre, lo que ella es por, para, hacia él… ¡en lugar de por sí misma! Una penosísima humillación que tácitamente estamos tolerando y alimentando…

Sólo en una ocasión descubrimos a alguien que hablaba de lo que la mujer ES. Paradójicamente… ¡era un hombre!

En la mayoría de los trabajos con los que nos hemos cruzado, la mujer aparece supeditada al hombre (muy sutilmente…) de múltiples maneras. Por ejemplo, desde la actitud que se supone ha de tener, con expresiones como ser un dulce desafío, amable y pacífica. También desde los roles que se supone ha de ejercer como cuidadora en el más amplio sentido de la palabra (con el concepto de “cuidado” que utiliza el hombre). Incluso con penosas declaraciones de políticos sobre lo que es ser auténticamente una mujer…

¿Qué hacemos entonces con esa poderosa leona que todas llevamos dentro ansiosa por rugir a los cuatro vientos por la Vida? ¿Auto-ablación de nuestra pura potencia?

Otro aspecto crítico de esa supeditación al hombre es la que se deriva de la visión de que la mujer “es” porque “es pareja de”. Y si no tienes pareja, ¿qué? ¿Acaso eres un fracaso? ¿No existes? ¿Y si tu pareja es otra mujer?

Muy subliminalmente se nos asigna (o nos auto-asignamos…) la responsabilidad (¡una auténtica penitencia!) en forma de “misión divina” hacia colaborar para que nuestra pareja (y nuestro jefe, nuestros amigos, los hombres a nuestro alrededor…) se perfeccionen, evolucionen, hasta el fin de los días. ¿Acaso alguien va a colaborarnos a nosotras para que evolucionemos? Ah… no claro, nosotras no podemos contar con eso porque como “lo divino” nos dice que somos diosas que ya estamos “arregladitas” y no necesitamos corrección… ¿Pero qué es esto?!?! Es pérfido… Qué trampa (esclavitud, llamemos a las cosas por su nombre…) tan sutil disfrazada por la ilusión de las almas gemelas… Y qué fuente de confusión perversa apoyarse en lo espiritual para justificar acciones en lo material, y viceversa. Hay un buen camino a recorrer para comprender cómo ambos planos sí trabajan juntos, si se aborda la tarea con integridad.

Hacer tanto para que todo quede igual nos hace mucho daño (además de ser una inversión absolutamente inútil). Y que lo hagamos las propias mujeres con nuestras hermanas… es desgarrador.

Es el momento de apelar al compromiso absoluto por ver a la mujer (empezando nosotras mismas…). Es el momento de experimentar el doloroso júbilo de vernos en todo lo que somos, de la experiencia profunda de todo lo que engendramos y damos a luz. También es el momento de acompañarnos unas a otras en nuestra expresión desde nuestra potentísima pureza de Ser Mujer… sin más, y sin absolutamente nada menos…

La Mujer Interior tiene una mirada tan profunda, incisiva, certera e incómoda como extasiadoramente enorme, cálida y amorosa. Y esta mirada nos muestra que las mujeres somos una inconveniencia (porque lo sentimos todo) al tiempo que somos también absolutamente inevitables porque, sencillamente, SOMOS.

Y en la empresa… también.  In-corporamos dosis iguales de certeza incisiva y abrazo incondicional. Las mujeres en la empresa somos esa inevitable inconveniencia imprescindible hoy, ahora, que gesta y alumbra el mañana de todos. Asumámoslo. Y, sobretodo, honrémoslo.

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2 respuestas a El anclaje “reloaded”: una inconveniencia inevitable

  1. Sandra de la Rosa dijo:

    Excelente, Eugenia! ¿Qué proyecto -sea laboral, familiar o un ideal interno- no necesita de ese empuje, esa claridad, esa decisión y ese amor por la Verdad que demuestras como mujer en este texto?

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